Pocas cosas son tan efímeras como la moda. La vigencia de cada colección dura lo que la temporada: otoño-invierno, primavera-verano. Para los copiadores, no obstante, ese tiempo no es una limitación. Seis meses son suficientes para imitar, producir y comercializar.

Algunos atribuyen esas repeticiones a que la moda refleja las tendencias, por lo que no sería raro que distintas pasarelas presentaran diseños similares. También se dice que la moda es inspiración, y que lo que sucede no es copia sino “influencia” de unos en otros. Los más pragmáticos, finalmente, reconocen que el recurso de la copia es el que permite llevar el diseño de la alta costura al consumo masivo. Lo cierto es que se copia.

¿Conviene entonces registrar la propiedad intelectual de los diseños de moda? La protección nace con la creación, con lo cual no haría falta registrar para que existiera protección. Sin embargo, el hecho de realizar el depósito sirve como presunción a la hora de probar la autoría.

La ley que ampara el Derecho de autor en Argentina es la 11.723, sancionada en 1933. Si bien posteriormente fue modificada y existen varios decretos reglamentarios que la complementan, esta ley en sí misma ha sido bastante adecuada, ya que a pesar del paso del tiempo ha podido adaptarse a los cambios

Lo fundamental es resaltar que el derecho de autor protege las creaciones formales, es decir, no las ideas, procedimientos, métodos y conceptos en sí. Conceptos como, por ejemplo, la minifalda -falda corta, por sobre la mitad del muslo- o la bikini -traje de baño de dos piezas-, no hubieran podido ser registrados, sino en alguna de sus expresiones materiales, como “falda corta, acampanada, de seda con rayas horizontales en color blanco y negro…” Es por ello que, para que la protección sea válida, se deben describir con la mayor precisión posible los elementos que componen la obra, incluyendo fotos y dibujos que acompañen esta descripción.

El trámite de registro se hace ante la Dirección Nacional del Derecho de Autor, quien a su vez ha descentralizado la recepción de la obra a depositar en algunos “entes cooperadores”, como lo son las Cámaras y Asociaciones propias de cada rubro. Los requisitos y costos de los formularios para el registro varían si la obra es inédita o ya fue dada a conocer, es decir, si es obra publicada, en cuyo caso el importe es un poco más elevado. De cualquier modo, ambos trámites son bastante económicos y sencillos.

Pero las copias en el mundo de la moda no se limitan a los diseños. La reproducción de marcas y logos en imitaciones fraudulentas son uno de los peores flagelos de la industria. Una realidad económica y social que alienta la demanda de este tipo de productos -en general, varias veces más baratos que los originales-, los altos márgenes de ganancias para los infractores y la ausencia de planes permanentes para combatir la piratería hacen de esta cuestión un verdadero problema que excede estas líneas.

Las patentes y modelos de utilidad también tienen su espacio en el mercado de la moda, en forma de nuevas tecnologías e innovaciones textiles, como pueden haber sido en su momento novedades tales como el spandex (lycra), el nylon o las telas ignífugas o hidrófugas. Los bolsillos remachados de los jeans y el cierre a cremallera son otros dos buenos ejemplos de ello.

Ni hablar de la más reciente ropa “inteligente” o de los afamados “wearables”, innovaciones que incluyen dispositivos tecnológicos no solo al servicio del ocio y el confort sino también del rendimiento deportivo, la salud y la medicina preventiva.

Los diseños industriales, por su parte, pueden proteger otro tipo de creaciones de moda, tales como bolsos y joyas.

La relación entre moda y registro de la propiedad parece inagotable, cuanto más nos adentramos en ella. Desde la tecnología utilizada en la industria textil para cortar, coser, bordar, teñir, hasta los diseños arquitectónicos utilizados en las franquicias de las grandes cadenas de indumentaria, todo es pasible de ser protegido. Pues, cuando hablamos de creatividad e innovación, copiar está de moda.