No existe un proceso estandarizado para crear y llevar a cabo un emprendimiento. De hecho, en la literatura existente sobre el tema se pueden encontrar procesos que van desde los tres pasos, hasta complicados diagramas de flujos que desaniman hasta al más optimista. Así que basándonos en todo esto, podemos resumir un emprendimiento en unos pocos pasos para que te sientas un poco más cómodo con la idea, sin dejar de entender que cada parte de proceso es crucial y requiere tiempo, paciencia, recursos, decisiones y mucha investigación (¿ya dije paciencia?).

Además, es crucial que el emprendimiento esté protegido por la Propiedad Intelectual como veremos más adelante. Si no tenemos nuestra creación debidamente protegida, todo lo demás puede venirse abajo si otra empresa o persona se apropia de ella. Afortunadamente tú eres un emprendedor informado, de lo contrario no estarías leyendo esto.

Pasos para llevar adelante un emprendimiento:

1. Visualización de la idea

Algunos autores la llaman “fase pre emprendimiento” o “fase temprana”, pero el hecho es que tú ya sabes lo que esto significa: aun no tienes ni el dinero, ni la estructura, ni nada.  Seguramente no tienes claro ni el nombre de la empresa, pero al menos ya sabes que quieres hacer algo: emprender.  Bien sea haciendo los mejores cupcakes de la galaxia o montando una estética para ayudar a moldear los mejores cuerpos del verano, pero la idea ya la tienes y, aunque aun no sepas muy bien cómo llevarla a cabo, estás decidido a convertirte en un emprendedor con todas sus letras.  Hasta aquí es solo un sueño sin ejecución pero tú te encargarás de convertirlo en una realidad. Por lo pronto, puedes comenzar a pensar en un modelo de negocios, un nombre adecuado para registrar tu empresa y nombrar a tu producto o servicio, en una identidad gráfica que los represente y en cómo vas a conseguir los recursos que necesitas para llevarla a cabo.

2. Constitución de la empresa

Es aquí cuando ya te decidiste, ya tienes el capital mínimo para comenzar, una idea aterrizada, un nombre de empresa para registrar y muy probablemente un organigrama mínimo en el que tú mismo jugarás varios roles. Es aquí cuando la Propiedad Intelectual entra en juego: no solo vas a registrar tu empresa en el sentido jurídico, sino que también debes proteger el nombre comercial que hayas elegido para ella, sus productos y/o servicios. Porque lo último que quieres es trabajar muy duro para que más adelante un tercero se apropie de tu marca y de la credibilidad que hayas podido lograr con ella.  Eso incluye proteger el logo o identidad gráfica. Se supone que en esta etapa aun tu negocio no ha empezado a funcionar, pero te estás ocupando de resolver todo el papeleo correspondiente para que cuando finalmente comience no tengas ningún problema que te haga devolverte a esta fase. Es importante que una vez que registres el nombre de tu empresa y tus marcas, los reserves también en las redes sociales para que más adelante puedas usarlas para impulsar tu negocio. Si tu empresa requiere de un local u oficina para poder funcionar, éste es el momento de buscar el espacio, hacer los trámites correspondientes para adquirirlo o arrendarlo y hacer todos los arreglos necesarios para que esté listo en la próxima fase.

3. Desarrollo de producto

Esta etapa puede variar según el tipo de empresa que hayas constituido. Si se trata de una empresa de servicios, en este punto ya deberías tener todo listo para abrir y comenzar a ofrecer tu propuesta. Pero si tu emprendimiento incluye el desarrollo de productos, es en este momento cuando comienzas a trabajar en ello. Aquí es cuando desarrollas y pruebas del software en el que habías estado trabajando o perfilas ese producto que va a revolucionar y cambiar la vida de mucha gente. Como aun no comienzas a generar ventas, tu capital va a ser tu recurso más valioso en este momento. 

Si estás trabajando en un prototipo de un producto nuevo, revolucionario, definitivamente debes echar mano de la Propiedad Intelectual para patentarlo, para que más adelante puedas explotarlo comercialmente y llevarte no solo el crédito por haberlo desarrollado sino también los beneficios comerciales que puedan derivarse de ello.

4. Día de la prueba de fuego

Evidentemente, esta fase no se llama así, pero es una forma dramática de decir que a partir de aquí, no debería haber vuelta atrás. Este es el día en el que abres las puertas de tu negocio de cupcakes, o vendes tu primer producto desarrollado por ti. El hecho es que ya estás metido de lleno en el mundo del emprendimiento y ahora es que empieza lo bueno. Es aquí cuando necesitas recuperar el capital invertido para comprar insumos, pagar impuestos, sueldos y un montón de cosas que te harán sentir presionado. Así que respira, mantén la calma y apóyate en los recursos que tú y tu equipo considere oportunos para impulsar esas ventas que tanto necesitan.

 

En estos tiempos, muy pocas cosas suceden fuera de la web y las redes sociales. ¡Así que úsalas para impulsar las ventas de tu empresa! Ya tienes el nombre registrado en Facebook, Twitter, Instagram y/o Pinterest. Recuerda que en base a los derechos de autor en las redes sociales deben cumplir los mismos preceptos que en el mundo 1.0: respetar la autoría de contenidos generados por terceras personas y ser cuidadoso con la imagen que proyectamos de nuestra empresa en las redes. Una vez que algo se publica ya no hay vuelta atrás, así que antes de usar las redes de tu naciente empresa define el lenguaje y la estrategia comunicacional junto a un Community Manager, procura generar contenidos e imágenes propias, o en última instancia, usar contenidos protegidos con licencias tipo Creative Commons.

Como ves, el emprendimiento y la Propiedad Intelectual deben ir de la mano para garantizar el éxito de una parte vital del proceso. Por eso es esencial conocer el alcance de nuestros derechos y obligaciones como creadores para poder sacar todo el potencial a nuestras ideas. ¡Suerte con tu emprendimiento!