Muchas veces tendemos a utilizar palabras o expresiones rimbombantes que pretenden maquillar conceptos sencillos. Esto es lo que sucede con la Transferencia de Conocimiento. Desde tiempos muy lejanos la sabiduría popular se ha ido trasmitiendo entre generaciones. Desde el primer ser que fue capaz de hacer fuego con un par de ramas, hasta el comerciante de un establecimiento alimentario que explica a sus sucesores cual es el mejor método de conservación de su género. El valor de este conocimiento es superlativo, y su correcta transmisión a terceros puede determinar el éxito o fracaso de futuras operaciones.

Sin embargo, muchas veces no somos conscientes de su valor, y las transmitimos sin darnos cuenta de su posible repercusión económica.

Así, estos conocimientos tan valiosos aplicados a sectores industriales cobran una especial importancia. Un inventor particular que debido a su experiencia desarrolla una solución novedosa y no es capaz de explotarla industrialmente por sus propios medios, necesita de un tercero que le ayude a poner esa invención a disposición de los demás.  Precisa de un posible socio que tenga la capacidad de fabricar y disponga de canales de venta efectivos para poner el producto en el mercado. En definitiva, transfiere su tecnología a aquel que es capaz de obtener un rendimiento comercial, reservándose el inventor un porcentaje de las ventas a modo de canon compensatorio. 

Si damos un paso más, y hablamos de los proyectos surgidos en Universidades o Centros de Investigación, la cosa se empieza a complicar. Los resultados de investigación de sectores tan relevantes como el biotecnológico o médico, requieren de conocimientos más concretos a fin de determinar el mejor camino para que puedan llegar a la población en forma de medicamentos, por ejemplo. 

Así, aunque estamos de acuerdo en que el término es más sencillo de comprender de lo que a priori parece, el proceso como tal no es nada fácil.

Desde que se identifica un conocimiento valioso hasta que se firma el acuerdo de transferencia, hay que recorrer una larga y dura caminata por el desierto. El proceso de búsqueda del socio adecuado, la posterior negociación y la firma final del contrato requieren de un control absoluto en cada uno de los pasos. 

Hay que estar muy bien asesorados sobre la manera de tener protegido ese conocimiento o tecnología, saber cómo gestionar el intercambio de información con terceros, saber negociar correctamente la posible licencia o cesión y finalmente firmar un buen acuerdo de Transferencia de Tecnología. El asesoramiento integral en todo el proceso es fundamental para llegar a buen puerto.