Es bastante habitual que investigadores y técnicos desconozcan aspectos importantes de Propiedad Industrial a pesar de ser autores de las invenciones. Puede que sepan que una patente otorga un derecho a impedir fabricar, vender o utilizar una invención durante 20 años. Suelen ignorar que, a cambio, la invención debe ser plasmada en un documento que permita a otro experto reproducirla (cuando caduque la protección). O que la protección es territorial, país por país. Si este es su caso y desea tener una idea general más clara, siga leyendo.

Precauciones 

Primero, con ánimo de evitar errores, hablaremos de qué no hacer: No divulgue la invención. No cuelgue nada en la web, no publique documentos, no imparta charlas o conferencias hasta que no haya presentado o descartado la patente. No comente tampoco sus avances con posibles inversores sin un acuerdo de confidencialidad. Si lo hiciera, podría arruinar la protección de su invención.

 

Requisitos principales

Supongamos que ha sido precavido. Usted ha encontrado la solución a un problema, piensa que esta solución es desconocida y además sabe cómo implementarla. Si cumple esto, cuenta con los principales requisitos para preparar una solicitud de patente. Los ampliaremos un poco más.

 

Para que se pueda proteger una invención, debe explicar en un documento cómo la llevaría a cabo. Es decir, su desarrollo debe estar maduro para asegurarse que realmente funciona y también para poder describirlo. La razón es clara: una vez presentado este documento, no podrá añadir más información.

 

Recalcar por último que esta solución debe ser diferente y no predecible. En lenguaje de patentes, que cumpla ser novedosa e inventiva. Esta exigencia es de carácter global. Sepa que un documento japonés puede ser perjudicial si es anterior a la presentación de su patente. 

 

Conveniencia

Hasta aquí, parece que podría patentar su invención. Esto requiere tiempo y dinero, así que no está de más hacerse la siguiente pregunta: ¿merece la pena patentarla? Para responderla, debe plantearse antes otro par de cuestiones:

- ¿Es relativamente fácil copiarla? De otro modo, podría mantenerlo como secreto industrial.

- ¿Es comercialmente atractiva? Si no, no tendría sentido impedir a otros que la copien o que quieran comprar su patente. Puede ser muy cara de fabricar, puede no tener mercado, pueden existir alternativas aceptables, etc.

 

Si las respuestas son afirmativas, una patente resultaría una clara ventaja frente a sus competidores. Estratégicamente, podría mejorar su posición en el sector y aumentar el valor de su empresa. Es hora de ponerse manos a la obra.

 

Redacción

A priori, parece lógico pensar que usted conoce mejor que nadie su invención y que por tanto, debería encargarse de redactar la patente. Además, se ahorraría los costes de un agente de patentes.  Así es inicialmente, luego comprobará que no, durante la tramitación de su solicitud en la Oficina de Patentes. Además del “papeleo”, entre otras cosas, tendrá que discutir con un examinador y convencerlo para que su patente sea concedida.

 

Las patentes son algo más que una descripción de la invención. Es también un documento de carácter jurídico regido por normas bastante rígidas. Por ejemplo, en él se debe definir claramente lo que se desea proteger mediante unas cláusulas denominadas reivindicaciones (en inglés, “claims”). Unas reivindicaciones mal redactadas, impiden obtener la protección deseada y convierten la patente en papel mojado. Malogran el trabajo realizado y las tasas abonadas a la Oficina de Patentes. Pero aun peor, dejan la puerta abierta para que terceros se aprovechen de su trabajo sin necesidad de su autorización.