Dicen que tiene mil cabezas. Que es intimidante, abrumador y que solo unos cuantos le han visto el rostro completo. Muchos lo desconocen, la mayoría de los emprendedores le temen. Su presencia se impone sigilosamente y, cuando llega el momento de enfrentarlo, más de uno ha salido corriendo del susto.

Es un monstruo llamado… ¡Propiedad Intelectual! Pero si estás leyendo esto es porque no le temes a –casi– nada. Eres un(a) valiente. Así que vamos a enfrentarnos juntos a este concepto y a convertirlo en tu nuevo aliado. 

Un derecho de todos 

Generalmente la Propiedad Intelectual se asocia con grandes inventos, escritores, marcas famosas o empresas de talla mundial, pero –aunque también incluye eso–  se trata de algo mucho más cercano. Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI): “se relaciona con las  creaciones de la mente, invenciones, obras literarias y artísticas, así como símbolos, nombres e imágenes utilizados en el comercio”.

Ya desde 1883 se comenzó a reconocer la importancia de la protección a la creación en el Convenio de París para la protección de la propiedad industrial, y tres años más tarde se hizo lo propio con el Convenio de Berna para la protección de las obras literarias y artísticas. Actualmente la OMPI se encarga de velar por el cumplimiento de ambos tratados.

La Propiedad Intelectual se divide en dos grandes categorías que a su vez están compuestas por varios tipos de creaciones.  Pero vamos por partes:

  • Propiedad industrial: Aquí tienen cabida las marcas (los nombres utilizados para diferenciar los productos y servicios de una empresa de los de otra), los diseños industriales (los dibujos o modelos del aspecto de un artículo o producto), las indicaciones geográficas (los nombres que señalan el lugar de origen de un producto) y las patentes (derechos sobre invenciones).
  • Derecho de autor: Se refiere a las creaciones literarias y artísticas e incluye obras literarias, poemas, obras de teatro, novelas, creaciones musicales, películas,  pinturas, dibujos, fotografías, esculturas, diseños arquitectónicos, bases de datos, programas informáticos, publicidades, etc. 

La Propiedad Intelectual es tan importante que está consagrada como un derecho. El artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece el derecho al beneficio de la protección de los intereses resultantes de la creación artística, literaria o científica. Eso quiere decir que todo creador tiene derecho no solo a proteger aquello que ha creado, sino también a disfrutar de los beneficios que pueda generarle.

Superada la prueba ¿Y ahora?

Listo. Enfrentaste a la bestia y saliste ileso(a). Ahora es importante comprender el valor que tiene la creación –y su respectiva protección– en la vida cotidiana. Porque la Propiedad Intelectual nos atañe a todos, y eso incluye tanto al músico que está componiendo el próximo hit de la radio como al que inventó la vara para tomarse selfies, así como también al ciudadano común que se sienta en la plaza a leer un libro. 

¿Puedes ver y disfrutar de todas las comodidades que existen en la vida actual? Pues seguramente sabes que son el producto de siglos de innovación y avance científico, artístico e intelectual. La existencia de la Propiedad Intelectual alienta a los creadores a seguir innovando al promover la protección del resultado de su ingenio, con los beneficios económicos, comerciales y morales que puedan implicar.

Esta creación constante en diferentes áreas genera un círculo virtuoso de desarrollo que estimula la economía, y esto a su vez influye en el mejoramiento de las condiciones generales de vida.

Los medicamentos que tomamos, o la película que vamos a ver en el cine muy probablemente no hubiesen sido producidos si no existiera la Propiedad Intelectual, así que todos formamos parte de ese engranaje.

Ahora bien, si eres de lo que ha dado un paso más allá y tienes tu propia empresa, o estás en vías de hacerlo, ya deberías tener claras dos cosas:

  1. La Propiedad Intelectual no es una cosa fea, deforme e incomprensible que vino a trastornar tu vida o tu empresa. Es tu aliada.
  2. Si aún no has hecho los registros necesarios de tus marcas o patentes debes hacerlo YA. Es la única forma de evitar que otros se beneficien indebidamente con el resultado de tu esfuerzo.

Registrar tu marca debería ser uno de tus primeros pasos como emprendedor, porque es lo que te va a permitir proteger y explotar comercialmente ese nombre que tanto te costó pensar, y ese logo que tantas veces le pediste al diseñador que rehiciera. Además te convierte en el dueño indiscutible de todo el valor que genere tu marca, algo para lo que tú ya trabajas día y noche, ¿cierto?

Pero no te asustes. El proceso para entrar con el pie derecho en el tema de la Propiedad Intelectual en cualquier país del mundo está regido por las Oficinas de Marcas y Patentes.  

Una vez que sabes esto puedes decidir hacer los trámites por tu cuenta o contar con los servicios de una empresa especializada. En Clarke Modet te ayudamos a identificar las necesidades de tu empresa y a activar todo el protocolo necesario para registrar tu marca o tu invención. 

Ahora ya sabes qué es la Propiedad Intelectual, cuáles son sus tipos, para qué sirve y cómo puede beneficiarte a ti y a tu negocio. ¿Viste que no era tan aterrador? Ya estás listo para llevar tu emprendimiento al siguiente nivel. ¡Al final resulta que sí eres un(a) valiente!