La Dra. Mariana Salatino es investigadora del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME), dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (IBYME, CONICET) en el equipo de Inmunopatología liderado por el Dr. Gabriel Rabinovich

Hace poco más de un mes, un descubrimiento de su equipo de trabajo -relacionado con el tratamiento de tumores refractarios- mereció la tapa de la revista Cell, una de las publicaciones científicas más reconocidas a nivel mundial. En una entrevista con Clarke, Modet & Co Argentina, la Dra. Salatino habla del trabajo diario del investigador y la relación de los científicos con el registro de sus hallazgos.

El trabajo que está realizando el equipo de Inmunopatología del IBYME ha arrojado valiosos resultados para avanzar en el tratamiento contra el cáncer pero, en todo el proceso, ¿qué lugar ocupa para ustedes la cuestión del registro de sus hallazgos?

Los científicos solemos desconocer bastante el aspecto formal de todo lo que es la Propiedad Intelectual; nosotros somos posiblemente los menos indicados para hablar de eso. Estamos más acostumbrados a pensar en los experimentos, en cómo demostrar una determinada hipótesis y llegar a un determinado hallazgo. La preocupación por proteger esos hallazgos o registrar esa Propiedad Intelectual en general o no nos llega o nos llega muy al final. En general estamos un poco ajenos a la costumbre de patentar.

Ahora, estando en un laboratorio desde el que se publican cosas de alto impacto, nos sentimos siempre como con la obligación de informarnos un poco, de empezar a preocuparnos qué puede pasar con la propiedad de lo que nosotros descubrimos. Así es que, con el tiempo, a través del CONICET o de la Fundación Sales -que son los que siempre y hasta ahora nos han acercado la posibilidad de patentar nuestros hallazgos- nos fuimos interiorizando.

Así, en el momento que decimos que el resultado de nuestro trabajo puede tener alguna aplicación, nos contactan con la gente de patentes del CONICET, con la Fundación Sales, y se comienzan las negociaciones para que esos hallazgos sean de nuestra propiedad: del país, del CONICET y de los científicos.

¿Está cambiando la conciencia al respecto?

Está en alguna medida cambiando; además, cuanto más relevantes sean los hallazgos más importantes para la comunidad científica y para todo el mundo, por lo que también se hace más importante protegerlos.

Nosotros estamos constantemente preocupados por cómo publicar los datos, cómo presentarlos en un Congreso… y es en ese afán por el que muchas veces se dan a conocer los resultados antes de que esté protegida su propiedad.

Creo además que los porcentajes tienen que ser justos para todos los que trabajaron en el proceso: el que tiene la capacidad operativa de generar la herramienta como aquel al que se le ocurrió generarla, porque en ese sentido la idea en la mente es tan importante como la mano que después lo va a fabricar.

En relación con este nuevo hallazgo, en su momento se recuperaron para la Argentina algunas patentes que habían sido registradas en Estados Unidos como fruto de una colaboración que el Dr. Rabinovich realizó allí; Clarke, Modet & Co. Argentina intervino en esa gestión…

Ese es otro tema interesante en este sentido: qué pasa con los hallazgos de científicos argentinos que, trabajando afuera, descubren cosas; científicos que se formaron en Argentina, en universidades públicas, que fueron becados por el CONICET para hacer sus doctorados, que están formados y tienen una capacitación que salió de la Argentina, y que después, trabajando en el exterior, descubren y patentan cosas afuera; son oportunidades que la ciencia argentina no debería dejar pasar.