¿Nuestro futuro depende de la innovación?, ¿Son acertadas las políticas de inversión en I+D+I?, ¿Existen datos que corroboren que la innovación es el mejor medio para abordar con éxito los importantes retos de la sociedad?, ¿Genera ventajas competitivas a las empresas?.

Todas estas preguntas y muchas más nos las podríamos hacer, pero para poder responderlas necesitamos primero saber qué nos ha llevado a planteárnoslas y si podemos medir el impacto económico de la innovación para poder responderlas.

La apuesta por la innovación comenzó en Europa en el año 2000, con el Consejo Europeo de Lisboa, que catalogó como objetivo estratégico lograr ser la ‘economía basada en el conocimiento’ más competitiva y dinámica del mundo.

Sin embargo, hubo que esperar hasta 2006 para hallar signos de asimilación de la importancia de la innovación [1], a 2009 para corroborar el progreso que había supuesto [2] y, a 2010 para que i) fuese declarada elemento central estratégico y medio para salir de la crisis, y ii) organismos internacionales de reconocido prestigio señalasen que es un medio para resolver problemas mundiales y sociales [3].

Los países han comenzado a apostar por economías basadas en el conocimiento y estrategias de ‘especialización inteligente’ (‘smart specilisation’) con las que hacer frente a la escasez de fondos existente derivada de la crisis económica - financiera acontecida y catalogada por la Unión Europea como la peor desde hace décadas.

Las políticas de inversión en I+D+I se han constituido como factor clave para lograr una recuperación económica y un crecimiento sostenible en el tiempo.

Estas políticas pretenden, en la situación de elevada competencia y de globalización en la que los mercados se hayan inmersos, garantizar que las ideas innovadoras se conviertan en productos y servicios que generen crecimiento inteligente y sostenible, y empleo.

Sin embargo los datos disponibles, elaborados por organismos estadísticos oficiales, proporcionan una visión general sobre la estructura y el proceso innovador en las empresas pero no siempre permiten medir el rendimiento de la innovación.

De ahí que se reconozca formalmente la urgencia y la necesidad de “mejorar la disponibilidad de datos y la amplitud y la calidad de los indicadores para medir el rendimiento en innovación y hacer un seguimiento del mismo” [4].

El ensayo “El impacto económico de la innovación: 10 razones por la que innovar” ha corroborado, en base a la tesis doctoral en que se sustenta, que son acertadas las políticas de inversión en actividades innovadoras (I+D+I) como factor clave para lograr una recuperación económica y el crecimiento sostenible en el tiempo, y que la innovación genera ventajas competitivas a las empresas frente a terceros.

A lo largo de los dos próximos artículos, veremos:

  1. La metodología que ha permitido medir el impacto económico de la innovación.
  2. Diez razones por las que innovar es importante para las empresas.

[1] COM(2006) 502 final. “Poner en práctica el conocimiento: una estrategia amplia de innovación para la UE”. (Comunicado de la Comisión, 13 de septiembre de 2006)

Disponible en internet: http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=COM:2006:0502:FIN:es:PDF

[2] COM(2009) 442 final. “Revisar la política comunitaria de innovación en un mundo cambiante”. (Comunicado de la Comisión, 2 de septiembre de 2009)

Disponible en internet: http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=COM:2009:0442:FIN:ES:PDF

[3] Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico - OCDE (2010). “The OECD Innovation Strategy: Getting a Head Start on Tomorrow”. OCDE.
Disponible en internet: http://www.oecd.org/dataoecd/2/43/45302715.pdf

[4] COM(2010) 546 final. “Iniciativa emblemática de Europa 2020. Unión por la innovación”. (Comunicado de la Comisión, 6 de octubre de 2010)
Disponible en internet: http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=COM:2010:0546:FIN:ES:PDF