Los troles son gigantescos y temibles seres ficticios de la mitología escandinava. Las denominadas compañías trol de patentes (en inglés, “patent trolls”) son también, a su manera, ciertamente temibles.

Pero, a diferencia de aquellos, estas compañías son muy reales y normalmente de reducido tamaño. Y están en auge. Tanto es el miedo que infunden a las grandes corporaciones que éstas han decidido intentar protegerse de la manera más inverosímil: patentar ser un trol de patentes.

El término “trol de patentes” se acuñó en 1993 para referirse, de manera un tanto despectiva, a aquellas compañías focalizadas no tanto en la comercialización de sus productos patentados sino en la facultad de impedir que terceros lo comercialicen. 

Ese derecho de prohibir, jurídicamente conocido como ius prohibendi, es la marca de identidad de estas empresas, que justifican toda su actividad no mediante la puesta en práctica de las invenciones patentadas, como sería lógico, sino mediante el establecimiento de continuos litigios por infracción de patentes y demás batallas legales con el objeto de obtener indemnizaciones millonarias. 

Oportunismo y mala fe son términos que bien pueden ser empleados para describir su manera de operar, llegando incluso a adquirir carteras de patentes de terceros para poner en marcha su mecanismo destructivo.

Los “troles de patentes” suelen relacionarse con inventores o pequeñas compañías que se anticipan a los futuros productos de grandes fabricantes, patentando la invención en un estadio abstracto y conceptual. 

De manera similar a la forma de actuación de aquellos espabilados que, adelantándose a una empresa, registran un nombre de dominio clave para ella, los “troles de patentes” impiden a esos grandes fabricantes lanzar al mercado sus novedosos productos sin antes “pasar por caja” –la caja del trol de patentes, claro–.

Pero también existen gigantescos troles de patentes. Es el caso de Intellectual Ventures, la empresa norteamericana con más de 30.000 patentes en su haber y situada entre las cinco empresas con mayor cartera de patentes en EE.UU., que básicamente sobrevive –y crece– por los derechos de licencia de sus patentes, todo un negocio rentable que les ha reportado ya más de 2.000 millones de dólares en ganancias.

Tal es la importancia de los troles de patentes que en 2007 dos multinacionales, IBM y  Halliburton, han contraatacado de la manera más insospechada, presentando solicitudes de patente en EE.UU. para intentar proteger lo que realmente hace un trol de patentes y de esta forma “cerrarles el grifo”. 

Así, la solicitud de patente de IBM se refiere a un método para obtener ganancias a partir de un portafolio de patentes comprado a una empresa sin recursos suficientes para mantenerlo; mientras que la solicitud de patente de Halliburton trata de la adquisición de patentes y el posterior establecimiento de pleitos por infracción contra terceros –o incluso negociación de licencias– para obtener beneficios económicos. 

En otras palabras, quieren patentar ser un trol de patentes. Otra cosa es que lo consigan, pues están recibiendo numerosas objeciones de la oficina de patentes americana.

No hay duda de que la actividad de los troles de patentes es un tema de actualidad. Recientemente la cámara baja del Congreso de Estados Unidos ha presentado un proyecto de ley para dificultar su actividad, fomentando el papel innovador de las patentes e intentando poner cierto límite a la “guerra de patentes” en la que está actualmente inmerso el sector tecnológico. 

De esta forma, en aquellas demandas interpuestas por infracción o nulidad de patentes en este sector –en concreto, invenciones de software y hardware de ordenador– que hayan resultado infructuosas y en las que se demuestre que el demandante no tenía una posibilidad razonable de éxito, será el propio demandante el que tenga que asumir las costas del juicio. 

En caso de aprobarse finalmente, veremos si la actividad de los troles de patentes se reduce o si, por el contrario, sigue como hasta ahora, en auge.