El enorme valor de las patentes queda claro a partir de los recientes litigios por infracción de patentes en el ámbito de las TIC en todo el mundo.

La patente es un bien intangible de gran trascendencia para las compañías tecnológicamente punteras, un bien que se compra, se licencia y con el que se negocia como si fueran cromos; eso sí, cromos tremendamente valiosos que pueden llegar a paralizar la entrada en mercados nacionales de productos de vanguardia fruto de costosas inversiones.

Tal es su importancia, que las patentes pueden ser consideradas actualmente como el “oro intangible”.

Desde finales de 2009 los litigios por infracción de patentes en el ámbito de las TIC han proliferado sustancialmente a lo largo y ancho del planeta.

El fenómeno más destacado es la mundialmente conocida como “smartphone patent wars”, una guerra de patentes donde el campo de batalla principal se sitúa en torno a las tabletas y los teléfonos inteligentes, principalmente en EE.UU y Alemania, aunque también con creciente importancia en Reino Unido, Holanda, Japón, China, Corea y Australia.

Para poner un ejemplo, Apple y Samsung mantienen disputas en al menos diez jurisdicciones diferentes.

Las grandes multinacionales del sector están dando últimamente tanta importancia a poseer una ingente cartera de patentes que no sólo se dedican a fortalecerla mediante su I+D.

Ahora es habitual la compra de grandes paquetes de patentes de otras compañías por unas cantidades desorbitadas. 

A modo de ejemplo, en agosto de 2011 Google adquirió Motorola Mobility –la división móvil de Motorola, centrada en la plataforma Android- por 12.500 millones de dólares para la adquisición de más de 17.000 patentes.

En esta carrera por obtener la mejor posición en el mercado, en cuanto a portfolio de patentes se refiere, se han sucedido en los últimos tiempos cuantiosas operaciones de compraventa de patentes estratégicas.

Aparte de la ya comentada, las operaciones más sonadas son:

  • La compra, a mediados de 2011, de 6.000 patentes de Nortel por un consorcio formado por Apple, RIM (i.e. el fabricante de Blackberry), EMC, Microsoft y Sony. Precio de la operación: 4500 millones de dólares.
  • La compra por parte de Google de 1.030 patentes de IBM en julio de 2011.

Las razones de este afán desmedido por agrandar el portfolio de patentes tienen una doble vertiente, la misma dualidad que presenta una patente en sí: un carácter ofensivo y un propósito defensivo.

Las patentes se emplean principalmente como arma de ataque. Un arma que puede dar sustanciosos beneficios. En caso de que la tecnología patentada sea esencial en un proceso estandarizado (e.g. el estándar de telefonía 4G), el titular está obligado a ofrecer a los usuarios de la invención patentada –i.e. otras compañías- una licencia bajo términos razonables y no discriminatorios (FRAND, Fair, Reasonable And Non-Discriminatory terms), con lo que los beneficios que obtendrá por dichas licencias serán con toda seguridad muy atractivos por el elevado número de potenciales usuarios.

Si por el contrario la tecnología patentada no entra dentro de una estandarización, el titular tendrá más opciones de ataque. Podrá por ejemplo fijar términos más restrictivos para las licencias.

Podrá incluso optar por no licenciar la tecnología, de forma que sea el único que la explote. Podrá también pedir indemnizaciones por daños y perjuicios, como la suma astronómica de 290 millones de dólares de la multa impuesta por el Tribunal Supremo de EE.UU. a Microsoft en junio de 2011 por infracción de una patente de software propiedad de i4i, una pequeña empresa canadiense.

El titular de una tecnología patentada de vital importancia podrá, en suma, noquear a las empresas rivales.

Es en esta faceta ofensiva donde radica el propósito principal de la patente en la actual guerra de los smartphones: impedir la entrada de competidores en un país con objeto de monopolizar la comercialización de la invención en el mismo. 

Esta vía de actuación está siendo muy utilizada por Apple, presentando demandas por infracción en distintos países y solicitando la paralización inmediata y cautelar, mediante orden judicial, de la comercialización del producto presuntamente infractor. 

Con ello consiguió por ejemplo dar multitud de quebraderos de cabeza a Samsung, paralizando el pasado año en Australia y Alemania las ventas de su tableta Galaxy Tab 10.1 al infringir el diseño del iPad 2 de Apple.

Aunque Samsung reaccionó rápidamente presentando un nuevo modelo 10.1N -con la incorporación de un nuevo marco para evitar la semejanza con el iPad 2 y, por ende, la infracción-, el cual sí tiene ahora vía libre para su distribución, Apple ha conseguido posponer durante unos cuantos meses la entrada en el mercado de uno de sus mayores competidores, además de dañar su imagen por la demanda por infracción, lo cual tiene un valor incalculable en este tipo de tecnologías que evolucionan tan rápidamente.

Pero las patentes también sirven como escudos defensivos, como una útil herramienta para la negociación. Si alguien te acusa de infringirle varias patentes, ¿qué mejor respuesta que contraatacar con la misma moneda, acusándole a su vez de infracción de múltiples patentes? 

De esta manera, negociando, se puede llegar a un acuerdo entre las partes. Es esta la estrategia destacada de Google, que en su relativamente reciente incursión en el mundo de la telefonía móvil con el sistema operativo Android desea obtener un mejor posicionamiento en materia de propiedad industrial para contrarrestar el vendaval de litigios por infracción que se avecinan por parte de Apple para detener el “fenómeno Android” -fenómeno iniciado por Google, pero del cual participan Samsung, HTC, Motorola, LG y otros fabricantes-, y más desde que supuestamente Steve Jobs afirmó a principios de 2010 que gastaría hasta el último penique de Apple para destruir a Android, al cual consideraba entonces “un producto robado”.

Apple es claramente el actor principal en los ataques continuos a Android. Pero no es el único. Microsoft y Oracle, ambos en posesión con una ingente cartera de patentes -unas 20.000 patentes cada uno-, han entrado también en juego, presentado numerosas demandas por infracción a los fabricantes de hardware para Android.

De hecho, Microsoft finalmente ha enfocado su estrategia hacia los acuerdos de licencia, mediante los cuales cobra a compañías como HTC, LG, Motorola y Samsung una comisión de entre 5$ y 15$ por cada dispositivo Android, logrando así recibir tasas por licencia de patentes en más del 70% de los dispositivos Android vendidos en EE.UU.

 

Por su parte, Google contrarresta en defensa de Android, suministrando patentes a los fabricantes de este sistema operativo, como HTC, que las utilizan para presentar demandas por infracción contra Apple. Motorola demanda a Apple por supuesta infracción de patentes por parte de sus dispositivos iPhone 4S y del sistema de almacenamiento iCloud. Samsung mantiene igualmente una lucha enconada contra Apple, con numerosas disputas en Alemania, EE.UU. y Australia, intentando paralizar en este último país la venta del iPhone 4S.

Otros actores ajenos a la “batalla Android” entran también en juego: Kodak demanda a principio de año a Apple, Samsung y HTC por infracción de varias patentes en EE.UU. relacionadas con la tecnología de imagen digital empleada por las cámaras digitales incorporadas en sus smartphones y tabletas.

No hay duda que la batalla de los smartphones ha empezado. Los contendientes principales, Apple vs Android.   Las armas, las patentes. Las preguntas, numerosas. “¿hasta cuándo durará?”, “¿quién saldrá vencedor?  Y es que es en este ámbito de los smartphones donde se demuestra que una patente es un bien intangible más valioso incluso que el oro.