La licencia de tecnología es un recurso cada vez más utilizado por las empresas y centros de investigación. Permite tanto tener acceso a tecnologías desarrolladas por terceros como poner en explotación innovaciones que de otra manera no llegarían al mercado.

Sin embargo, los acuerdos de licencia valen poco en si mismos si no se realiza una gestión adecuada de ellos.

La prueba de una licencia exitosa no está en la firma del acuerdo, sino en la implantación efectiva de los términos de dicho acuerdo a lo largo del tiempo.

Sin embargo, a pesar de que el número de acuerdos de licencia es cada vez mayor, las tasas de éxito de estos acuerdos no crecen a la par: los hitos acordados no se cumplen a tiempo, los presupuestos se rebasan, las expectativas de negocio no se alcanzan, las relaciones se disuelve antes de alcanzar los objetivos, se entablan acciones judiciales.

Muchos acuerdos de licencia no cumplen con las expectativas generadas y terminan fracasando.

Una parte de los acuerdos naufraga debido al denominado “fallo tecnológico”: la tecnología desarrollada presenta problemas que hacen imposible su comercialización. Este es un riesgo inherente al proceso de innovación, y puede resultar incluso inevitable. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, las relaciones de licencia no fracasan debido a la tecnología, sino a otras razones controlables.

Es importante conocer las más comunes para intentar evitarlas en nuestras relaciones de licencia presentes y futuras:

  • Fallos en el proceso de “due dilligence”: el proceso de investigación previa a cualquier acuerdo es esencial para determinar las probabilidades de éxito de la tecnología y los recursos necesarios para explotarla, pero muchas entidades no invierten el tiempo y los recursos necesarios para realizar un análisis profundo, particularmente en el área de patentes.
  • Estructura de acuerdo inapropiada: los acuerdos de licencia suponen una relación a largo plazo entre las partes, debiendo definirse claramente desde el inicio el funcionamiento de dicha relación. Deben establecerse tanto los aspectos económicos como las obligaciones y responsabilidades de cada una de las partes.
  • Diferencias culturales entre los socios: toda licencia implica un cierto grado de colaboración entre las partes. Sin embargo, mientras que los licenciatarios sueles ser empresas establecidas y diversificadas, que suelen introducir un alto grado de estructura y formalidad a sus procesos y necesitan un elevado grado de documentación, los licenciatarios pueden ser empresas incipientes o particulares, más enfocados en el proyecto y menos estructurados. En caso de culturas muy distintas, es esencial contar con los suficientes mecanismos de comunicación y transparencia para solventar cualquier problemática a la que tengan que hacer frente las partes.
  • Organización del proyecto y divergencia de expectativas: la organización de la licencia debe estar nítidamente planeada desde el comienzo, de manera que pueda acomodar las expectativas realistas de todas las partes involucradas en el proyecto. Objetivos claros, roles y responsabilidades bien definidos y procesos de trabajo y de toma de decisión claros y conocidos son indispensables en una licencia.
  • Cambios de gestión en una de las partes: los cambios en los directivos de una de las partes puede afectar a la gestión y los objetivos de la alianza entre las organizaciones, por lo que es necesario diseñar la relación con medidas que minimicen el impacto de estos cambios.
  • Otras causas: existen otras situaciones menos frecuentes pero que pueden ser causa del fracaso de una licencia, tales como el abandono por parte de una persona clave del proyecto o el reenfoque de las actividades de I+D del licenciante a otros proyectos, con la consiguiente falta de atención a la tecnología licenciada, son aspectos difíciles de contemplar en un acuerdo de licencia, pero que pueden solucionarse adecuadamente por un equipo de gestión del proyecto competente.

En general, la licencia debe entenderse como una relación estratégica a largo plazo entre dos o más organizaciones, que deben de responsabilizarse de poner en ella los recursos necesarios para llevarla a buen puerto.

Un acuerdo claro y detallado, una gestión activa y una comunicación fluida entre las partes evitarán gran parte de los fallos más habituales y aumentarán considerablemente las posibilidades de éxito de la licencia.