¿Se imaginan un petróleo biológico, renovable y que absorbe dióxido de carbono CO2 en un ciclo sin fin? En España, la biomasa marina es atractiva como fuente renovable para la producción de biocombustibles

España se ha situado en los últimos años líder europeo en biotecnología azul. La biotecnología azul o marina es una disciplina basada en el estudio a través de diferentes técnicas biotecnológicas de las propiedades de los organismos marinos.

Hoy día, alrededor del 35% de los productos pesqueros que se consumen en el mundo provienen de acuicultura. Sólo en los litorales de Canarias, Galicia y Andalucía se encuentran más de 7.000 especies marinas con posibles características para su utilización en biotecnología.

Asimismo, el material biotecnológico obtenido en organismos marinos en diferentes sectores presenta aplicaciones en la agricultura para la obtención de fungicidas y pesticidas naturales, por ejemplo; en la producción industrial y tratamiento de residuos mediante algas; en el campo de la salud, donde desarrolla productos terapéuticos y nutracéuticos; y muy especialmente en el campo de la energía para producir biomasa y biocombustibles derivados.

En España, la biomasa marina es atractiva como fuente renovable para la producción de biocombustibles por tres razones:

- La producción de biomasa de vegetales marinos por unidad de área es mucho más alta que los de biomasa terrestre.
- La biomasa marina puede ser despolimerizada con relativa facilidad, en comparación con la biomasa de vegetales terrestres, debido a que no contiene lignina y estructura cristalinas de celulosa.
- La tasa de fijación de dióxido de carbono por la biomasa marina es mucho más alta.

En cuanto a la producción, para ciertas microalgas se llegarían a producir por cada dos metros cúbicos de agua hasta seis kilos al día de biomasa. Esto es miles de veces más que el cultivo anual de soja, girasol o palma, usando mucho menos territorio y de forma menos agresiva.

Se ha calculado que cada kilogramo de biomasa derivada de algas ofrece 5.700 kilocalorías; tanto como el carbón. Serían capaces entonces de alimentar plantas térmicas de electricidad cuyo CO2 emitido serviría para alimentar de forma retroactiva a las algas que crecen en una planta adyacente que a su vez producen biocombustible, en un ciclo cerrado. Las algas digerirían su propio carbono sin ni siquiera tener que transportarlo. Una refinería podría hacer lo mismo.

Por ello, se considera que las algas son la única fuente de biodiesel capaz de sustituir al petróleo en el futuro. ¿Se imaginan un petróleo biológico, renovable y que absorbe dióxido de carbono CO2 en un ciclo sin fin?


Siguiendo el ciclo vital de las algas, la biomasa marina es fácilmente degradada en azúcares fermentables con unas tasas de producción y rango de distribución más altos que la terrestre. Cuando las algas se alimentan de azúcar de la fermentación, sus organismos convierten este azúcar en aceites de distintas categorías.

Interrumpiendo el ciclo anterior, existe también la posibilidad de producir biodiesel directamente a partir de la galactosa y otros azúcares extraídos de las algas. Hasta hoy día la poca eficiencia del proceso de obtención de etanol a partir de la fermentación de estos azúcares ha sido el gran problema para la fabricación de biocombustibles.

Sin embargo, este problema puede quedar definitivamente resuelto gracias al reciente descubrimiento de cepas de levadura Saccharomyces cerevisiae genéticamente modificadas. Estas cepas de levadura son capaces de sobreexpresar unos genes específicos que incrementan la fermentación de galactosa en un 250%. Su utilización mejora la eficiencia de obtención de los biocombustibles marinos y mejoraría también la viabilidad económica de los productores de biocombustibles a partir de macroalgas secas.

Las granjas de algas rojas para producir biocombustibles están un paso más cerca de convertirse en una realidad.