El pasado mes de mayo, agentes del Cuerpo Nacional de Policía decomisaron 11.000 cosméticos falsificados de marcas como L’Oréal, Clinique, Chanel, Boss, Lancôme, Estée Lauder, Dior, Shiseido y Givenchy. En la operación, se intervinieron además 470 frascos de colonia, 1.100 gafas, 310 cinturones y 200 monederos.

Todas estas imitaciones procedían de China, donde se elaboran “sin seguir las reglamentaciones técnico-sanitarias de los productos destinados al consumo humano”.

Además de vulnerar los derechos de propiedad industrial de sus titulares, estos productos, cuya apariencia externa es exactamente igual a la de los originales, suponen un riesgo para la salud, ya que su uso puede provocar dermatitis, edemas, enrojecimientos u otro tipo de reacciones alérgicas.

Precisamente, los medicamentos son los productos falsos que más se introducen en el mercado legal. La nueva fe en la química, aunque sea de pega, incentiva a traficar con productos que proporcionan más beneficios incluso que la venta de drogas, siendo más fácil y menos arriesgado su transporte y las penas asociadas a estos delitos.

Las mismas redes que trafican con inmigrantes, prostitución y drogas, y financian a veces el terrorismo, controlan el negocio de la piratería industrial e intelectual, uno de los más lucrativos del mundo.

La Policía de Aduanas apenas puede comprobar uno de cada 1.000 contenedores. Si proceden de un país conflictivo, como Colombia, puede llegar a comprobar uno de cada 300.

El continuo incremento de delitos relacionados con la pi¬ratería y falsificación es uno de los mayores problemas al que se enfrentan las compañías. Afecta tanto a productos de lujo como a los de consumo diario, y está presente en todos los países.

Para combatir estas prácticas ilícitas, se requiere una implicación activa de los titulares de los derechos de Propiedad Industrial e Intelectual. A través de una Solicitud de Intervención Aduanera, hacemos efectiva la vigilancia de cualquier mercancía sospechosa de vulnerar los mencionados derechos.

Podemos percibir lo sencillo que les supone a los infractores encargar que se imite todo, desde el envase hasta el contenido, y por supuesto todos los sellos de autenticidad o de control de los diferentes organismos sanitarios o aduaneros europeos.

En ocasiones, los agentes de aduanas o los titulares de las marcas más afectadas por la piratería se ven obligados a contratar a detectives e investigadores privados para llegar al origen de los millones de copias de un producto que invaden los mercados occidentales.

Con objeto de defender no sólo los derechos de los legítimos titulares afectados sino también a los propios consumidores, instamos a que se utilicen los cauces para reprimir estas infracciones y en especial la Solicitud de Intervención Aduanera. Así, se puede frenar en frontera sin la necesidad de actuar fragmentadamente en aquellos mercadillos y puntos de distribución, donde los contenedores y mercancías hayan podido ser distribuidas a posteriori.