¿Qué motivación tiene un inversor para arriesgar su dinero en un producto que una vez colocado en el mercado puede ser copiado? ¿Qué factor le lleva a divulgar sus resultados en lugar de mantenerlo en secreto? Sólo hay una respuesta y es la posibilidad de poseer un activo representado en una patente.

Todo producto utilizado en nuestra vida diaria comprende una serie de innovaciones y mejoras que han determinado su aspecto y funcionamiento actual. La tecnología en la que basamos nuestra vida cotidiana es el resultado de la genialidad de un inventor y la inversión del mismo o de un tercero, quien ha creído en la idea.



Las patentes constituyen un certificado mediante el cual un gobierno concede al solicitante el derecho de exclusividad sobre la invención desarrollada, autorizándole a impedir que en ese territorio terceras personas utilicen o exploten su invención sin su consentimiento durante 20 años. En otras palabras, una patente faculta al titular a evitar que terceras personas se aprovechen de la invención en una zona geográfica determinada, pero no tiene ningún efecto en cualquier otro país. Lo expuesto deja en claro que un primer beneficiario del sistema de patentes es el titular del derecho quien adquiere una ventaja competitiva frente a terceros que no pueden hacer uso de la invención.



Adicional a su rol como premio para los inventores y/o sus inversores, el sistema también contribuye a la promoción de la innovación tecnológica y a la difusión de la tecnología. A cambio de obtener protección por patentes, se exige al titular divulgar su invención de manera suficiente para que un tercero pueda reproducirla. La información sobre la invención se publica 18 meses después de presentar la solicitud, con el fin de incrementar el conocimiento técnico en el mundo.



Las patentes favorecen a los usuarios de los conocimientos tecnológicos, quienes obtienen información actualizada y completa de los documentos de patentes. En este sentido, las más de 100.000 solicitudes que se publican anualmente en el mundo representan una inmensa oportunidad para adquirir conocimientos, motivar una mayor creatividad e innovación y generar nuevas ideas para el desarrollo de productos y procesos novedosos que contribuyen a incrementar el acervo tecnológico.



Así pues, el sistema de patentes como tal se basa en el principio de equilibrio entre quienes contribuyen a aumentar los conocimientos y divulgan sus resultados en lugar de conservarlos como secretos industriales para obtener un derecho de exclusividad, y quienes usan la información patente como fuente de inspiración para generar nuevos productos y procedimientos.