Reforzar las estrategias de protección de la Propiedad Industrial e Intelectual (PII) es esencial para una adecuada implantación de los sistemas de Innovación Abierta. Sólo mediante un adecuado uso de los mecanismos de la PII podrán las empresas y centros de investigación dinamizar el intercambio de intangibles. De ello depende la competitividad futura de nuestro tejido empresarial.

La Innovación Abierta consiste en la adquisición y uso por parte de una empresa de conocimiento innovador generado por fuentes externas para completar sus propios procesos de I+D+i, así como la utilización de formas indirectas de dirigirse al mercado para aquellos resultados de la investigación que no tengan aplicación directa en su negocio.

Esta forma de entender el proceso innovador supone un cambio radical con respecto a los modelos de innovación pasados (modelo lineal). En ellos, el esfuerzo de I+D+i se llevaba a cabo únicamente con recursos internos, y aquellas innovaciones que no se aplicaban directamente en los procesos productivos eran descartadas y abandonadas.

En gran medida, el concepto de Innovación Abierta no supone más que una constatación de las prácticas puestas en marcha desde hace años por empresas exitosas como IBM, Intel, Cisco, Nokia o Procter & Gamble.

En un entorno cada vez más competitivo y globalizado, estas multinacionales tuvieron que admitir que no todas las buenas ideas se generaban internamente y pasaron a apoyarse en la investigación de terceros para mantener sus posiciones de liderazgo. De igual manera, no siempre la empresa era el mejor canal para explotar dichas ideas.

En la mayor parte de los casos, el cambio de mentalidad y la nueva mecánica de trabajo han dado resultados excelentes, acelerando el proceso innovador y mejorando la rentabilidad de las inversiones de I+D+i.

Se ha escrito mucho sobre las necesidades y los requisitos para adoptar modelos de Innovación Abierta: a) acercamiento entre las empresas, las universidades y los centros tecnológicos, b) adopción de vínculos más estables con proveedores, c) creación de redes de valor, d) difusión de herramientas colaborativas como los Living Labs o la Web 2.0, etc.

Sin embargo, suele omitirse o tratarse de manera muy tangencial un aspecto esencial para poder establecer de manera efectiva este modelo de innovación: el uso adecuado de los derechos de la Propiedad Industrial e Intelectual.

Las patentes y otros derechos de la PII garantizan la exclusividad en el aprovechamiento de una invención durante un periodo de tiempo. Estos activos cobran cada vez mayor importancia para las entidades, tanto públicas como privadas.

Sin embargo, todavía hoy, son muchas veces considerados por las universidades y PYMES como un gasto innecesario que difícilmente se recupera. Es cierto que esto puede ser así en algunos casos, pero se deberá no tanto a la herramienta en si misma como al uso (o falta de él) que se hace de la misma.

Los derechos de la PII deben de ir siempre acompañado de una correcta estrategia de protección y explotación, especialmente si se siguen modelos de Innovación Abierta. En un entorno en el que se multiplican las interacciones entre entidades innovadoras, los derechos de PII son fundamentales como base para construir relaciones efectivas de colaboración.

Estos derechos son un vehículo esencial para dotar de seguridad jurídica a las relaciones entre los distintos grupos de investigación.

Es más, la protección resulta especialmente relevante para las pequeñas compañías e instituciones que colaboran con grandes corporaciones, ya que les garantizará poder participar en los rendimientos económicos que genera su investigación.

Y sin embargo, son aquellas las que suelen presentar mayores carencias en su estrategia de protección y explotación. Sólo difundiendo una cultura de PII entre estas entidades se podrá realizar una adecuada implantación de los modelos de Innovación Abierta, algo esencial en un entorno económico crecientemente globalizado.